1/11/10

en una primera etapa

En una primera etapa, cubrimos una serie de actividades asociadas al concepto básico de lo “sad”. El objeto de esta etapa es vertebrar la tendencia de la “re-volución triste” en un concepto homogéneo y plenamente identificable para el público objetivo. El concepto de lo “sad” se arraiga mediante una serie de eventos urbanos, de bajo costo y alto impacto, que simulen un origen espontáneo. La cualidad de “espontaneidad” es crítica para el éxito de su percepción como tendencia social. Por tal motivo, en esta primera etapa confluye un abanico de propuestas alterna-tivas a los canales habituales de promoción tales como: pintadas callejeras, poemas es-critos en las paredes del subte, creación de blogs de ficción, fiestas sad con invitación boca a boca, grupos de sad rock, emisoras piratas de radio, sitios de Internet clandesti-nos, falsos documentales subidos a you tube, etc.

Una vez que el concepto “sad” esté establecido como rasgo reconocible en la sociedad, dará comienzo la segunda etapa, la de explotación de la imagen de la “sad” como una cualidad moderna, divertida, generacional. Es el paso lógico siguiente que lleva de lo “sad” a lo “cool”. En este tramo, la connotación negativa de lo “ sad” se aligerará en lo paródico, en un código entre iguales, como el humor negro, un chiste interno que igualará a los participantes de la experiencia “sad” despojándola del significado inicial.

En esta etapa, por lo tanto, es cuando se desactiva el eventual potencial revolucionario de lo “sad” y se lo convierte en una tendencia más que, como toda tenden-cia, se torna pasajera.

Cimentar y comandar esta tendencia nos ubica, por nuestra ubicación privilegiada al dirigir el proceso, en una posición inigualable para explotar los nichos de mercados que consolide lo “sad” en el futuro. Es mucho más que la capacidad de predecir un escenario altamente probable; es crear el escenario improbable. Y al crearlo, ser los únicos con la capacidad de anticiparlo y aprovechar las potencialidades del mismo.

(memo interno 4436/08-GCEC)

28/10/10

alas

las alas crecen todos los días...
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ya no sé qué hacer...

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no puedo pasar por las puertas

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ni salir a caminar cuando hay viento fuerte

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pensé en cortarlas...

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atarlas...

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esconderlas...




pero las alas crecen independientes de quién las lleve...





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por eso me vi obligado a volar

25/10/10

chica esmeril

Chica de esmeril, curvas garras de diamante, inmolarse contra tu sexo navaja, esquirlas de piel que estallan en borbotones de mi sangre, hilos concéntricos confluyendo al cen-tro de tu cama, mirada que horada al cruce de tus caricias en surco mórbido, cicatrices bitácoras de tu perversa vocación de limarme, lija al agua, disuelto sangrante entre tus uñas que se clavan. Sobrevivir a la noche, subordinarme al día y regresar en el ocaso, con la piel a cuestas, para intentar, una vez más, con lo que queda, arrojarse contra la pared, con la íntima convicción que ni siquiera esa audacia suicida alcanzará para conmoverte en lo más mínimo.

21/10/10

simulacros

Desde el reflejo de la ventana del vagón del subte, me sorprendí sonriendo al chiquito que desafinaba un tango por unas improbables monedas de gratitud. Nunca creí que volvería a sonreír. Mucho menos, tan poco tiempo después de tu ida. Al esfumarse mi reflejo, en un desvanecimiento fugaz de vías paralelas, caí en la cuenta de la imposibilidad de toda sonrisa futura. Supe que atravesar la noche de tu despedida me arrebató por siempre esa sonrisa espontánea, que estalla imprevista como un estornudo, acto reflejo y visceral, estremecimiento intuitivo, como una celebración de estar vivo.

Finalmente comprendí que, tras tu muerte, sólo me quedaban meros simulacros de la felicidad.

18/10/10

radio sad

Estamos solos. Ya es hora que lo sepas. Solos. Pero nunca más solos que cuando estamos en la compañía de otros.

Sé que es de noche. Que oís el viento soplando ahí afuera. Y mi voz, retumbando en tus oídos, pueden hacerte creer la ilusión de que te acompaño, que te hablo a vos, especialmente, entre todos, a vos, en la multitud de una ciudad desierta en la noche fría.

Pero no es así.

Le hablo a todos, que es lo mismo que decir a nadie. Escupo mis frases al micrófono más pendiente de mí que de quién me escucha. Solo, ignorando al operador, solo, completando el silencio. Solo, como vos, en la misma noche.

La noche. La noche que recién empieza para vos. Pero cuando llegués a amontonar tantas noches, una sobre otra, noches apiladas que rocen el techo del final, vas a entender que no hay nadie, jamás, sólo soledad. Soledad sobre soledad, años sobre años, años de soledad... solo, en tu soledad...



(transmisión clandestina número 326)

14/10/10

lo sad es cool

-Gerardo, te toca a vos.
-Gracias. Bueno… Quería desarrollar una idea sobre una tendencia que estamos viendo en los estudios de mercado…
-Perdón que te interrumpa, Gerardo… llegó tu café.
-Gracias. Dejalo ahí. Bien… Muchas gracias…
-Decías que hay una tendencia…
-Sí. En nuestros estudios…
-¿Sólo en tus estudios? ¿O en los de otros también? Porque esto puede ser un tema de diseño de la encuesta…
-En mis investigaciones. Exclusivamente. Que son las que te tienen que interesar porque por eso me pagan 20 mil al mes. Para que pueda revelarles estas tendencias de consumo, mucho antes de que lo vean otros. Porque eso mantiene a esta agencia en el primer lugar y paga mi sueldo y el de todos los que estamos aquí reunidos alrededor de esta mesa. Y el bonus tuyo de fin de año también. ¿Alguna pregunta más?
-No. Seguí Gerardo… Creo que quedó claro...
-Bien. Decía que hemos encontrado un patrón, hasta ahora desconocido, en nuestros estudios de mercado. Una línea que atraviesa la escala etaria, con mayor peso en los tramos más jóvenes, pero perceptible, también, en los otros tramos de edad. Una tendencia sostenida en los últimos años y, suficientemente tangible, para identificarla como un rasgo del mercado de la próxima década. Características: desánimo, apatía, aburrimiento, inmovilidad, pesimismo.
- Con eso va a ser un poco difícil vender un producto…
- Mientras los tratemos con las herramientas habituales, seguro que no. Pero son más y, cada vez, constituyen una proporción más creciente del mercado. Es una tendencia. Es definitivo. No hay lugar para la confusión. Ahí hay una posibilidad para quien quiera posicionarse en ese mercado en los próximos años. Es la generación de la “revolución triste”.
-¿Qué es eso?
-La “revolución triste” es un movimiento poético o filosófico, no queda claro, sumamente anárquico y escasamente integrado. Sus rasgos son virales: se esparce uno a uno, pero no hay una cabeza que lo guíe. No tiene líderes, gurúes, teóricos. Simplemente es un sentimiento de tristeza que se esparce, día a día. Por lo que hemos podido rastrear en Internet y en las redes sociales, tiene como punto de partida un llamado “manifiesto cero”, una declaración de principios de autor desconocido. Pero, advierto, no es una Biblia. No es un manual de instrucciones. Es apenas una alusión a algo que estaba ahí presente… El que lo escribió percibió lo que otros no percibieron. Pero no lo inventó…
-Disculpame que te corte, Gerardo… seguramente lo vas a decir después… pero me llama la atención… una reflexión… si me permitís…
-Seguro. Es un ida y vuelta. Decí…
-Ese grupo, si existe… no digo que lo dude… vos lo identificaste… pero, ese grupo… es por definición refractario al consumo… no veo cómo se lo puede asociar a la “causa”, digamos así…
-Ése es el desafío. Y ustedes son los especialistas en esa área. Pero ahí hay algo. Ése es el grupo que tienen que conquistar. Ese es el Santo Grial de los próximos años.
-De verdad… parece difícil.
-Habrá que aguzar la imaginación. Así como acuñaron el concepto de “verde” para atraer al movimiento ecológico o lo “étnico” para la inmigración, habrá que inventar una nueva etiqueta para uniformar este grupo, esencialmente, heterogéneo.
-Sad.
-¿Qué?
-Sad.
-No está mal.
-Le falta fuerza…
-Pero resume la idea. Se puede mejorar, pero como primera aproximación… no está nada mal…
-Con “Sad” no vamos a vender nada. ¿Qué podemos vender? ¿Ataúdes? ¿Crespones?
-Coronas fúnebres. Sogas.
-Armas…
-Cuchillos filosos…
-Turismo para las suegras…
-Está bien, está bien… un poco fuera del objetivo, pero van viendo la idea. Llamémoslo “sad”. ¿Está bien? Hay que trabajar con ese concepto, para atraer a este grupo apático al consumo. Digo… no sé… digo cualquier cosa, lo primero que se me viene a la mente, promocionar lo “sad”. Libros “sad”. Modas “sad”. Películas “sad”. Música “sad”. Es el tiempo de lo “sad”.
-Lo sad es cool.
-¡Ésa es la frase!
-Brillante…
-Me saco el sombrero por ustedes. Creí que les iba a llevar meses, llegar a un slogan como ese. Lo hicieron en diez minutos …
-Por algo somos los mejores…
-… ¡y te pagamos ese sueldo que te pagamos!
-¡Sin dudas! No les voy a llevar la contra… mientras me sigan pagando. Pero… bueno… vieron la idea. Ahora hay que trabajar en ese concepto. “Lo sad es cool”. Hay que elaborar propuestas alrededor de ese hilo temático. Generar acontecimientos para que ese grupo del mercado participe de esa experiencia… “Lo sad es cool”…
-Basura…
-¿Qué?
-¡Eso es una basura! ¿Soy el único que lo ve?
-Damián…
-No, no…. Están todos aplaudiendo al tipo como si hubiera revelado el secreto del Universo. Eso es una mierda…
-¡Damián, por fav…!
-No, no. Está bien. Es el tipo de reacción que esperaba y, por otro lado agradezco, que lo planteés, Damián… ¿Por qué no? Es lógico lo que dice. Si yo estuviera ahí, sentado de ese lado, diría lo mismo. ¿Cómo creer eso? Y yo te digo cómo: es lo que la gente piensa. No uno, no dos. Ni más de diez. Ni siquiera centenares. Millones. Millones de tipos, de todas las edades, que se proponen estar tristes…
-No lo podés saber…
-Lo sé. Lo estudiamos. Es lo que responde la gente cuando le preguntás. ¿Si me gusta? No. Pero es lo que la gente piensa.
-Es un riesgo. El consumo se asocia a la felicidad, a la diversión, a la alegría… La gente triste no compra.
-Cambia la reacción. Pero sigue habiendo un estímulo para dirigir sus compras…
-¡Es caminar por un campo minado! Estamos abriendo una caja de Pandora… Los estamos llevando contra el consumo y si somos efectivos, si nuestras campañas funcionan… ¿cómo sabemos que van a volver? ¿Quién nos asegura que no sigan “sad” y dejen de escucharnos?
-Es un riesgo, Damián. Correcto de señalarlo. Pero el riesgo no es que planeemos una estrategia para captarlos al consumo global. El riesgo es no planear nada. Dejarlos al azar. Sin dirigirlos. Porque, te guste o no, Damián, ellos están ahí. Y no me voy a creer tan soberbio, tan poco democrático, de decirle a la gente lo que quiera pensar. Si para ellos “lo sad es cool”, pues así será. Aunque no me guste esa actitud, ese pensamiento, esa forma de ver el mundo. Pero ellos están ahí. Tristes pero están. Y si están, les puedo vender una remera negra. Para empezar... Eso sí, si lo hacemos bien. Claro. Pero, recuerden, ése es nuestro trabajo.... Si no podemos hacerlos nosotros, ¿entonces quién?

(cinta número 334-XLH, reunión número 214)

11/10/10

ella tenía una idea

 ella tenía una idea


  me extrañó su forma, 
su persistencia, 
sus modos indefinibles


 la dí vuelta...
del derecho y del revés...


y como no pude entenderla...

la tiré...



ella no era la misma sin su idea 


tal vez, 
por eso...
se fue...




ahí entendí...
su idea...


 era sólo que me quería...

7/10/10

el manifiesto cero de la revolución triste



La alegría está sobrestimada en estos tiempos. Sospechosamente sobreestimada, debo decir. Hay un esfuerzo social para estigmatizar la tristeza, para imponerle a la sociedad la buena cara, la sonrisa forzada, la vocación de empuje ante lo que se opone. Hay un apostolado sobre el proactivismo, la palmadita en el hombro para alentar esa vocación de no bajar los brazos. No puede dejarme de ser sospechosa esa tendencia, ese esfuerzo de los monitores de la comunidad para que nadie se deje caer en las hondas simas de la tristeza. Podrán faltar vacunas pero sobra Prozac. Remedios para la tristeza, como si ésta fuera una enfermedad. Porque (la pregunta surge sola) en un mundo de guerras, hambrunas, SIDA y desempleo, ¿la tristeza no debería ser el sentimiento normal? ¿Cuán sana puede ser la alegría en el mundo que nos toca vivir?

Esa preocupación se relaciona directamente, sospecho, por el enorme potencial revolucionario de la tristeza.

Por un momento, hagamos el esfuerzo de imaginar un coordinado ejercicio de tristeza.

Mañana, por caso, nos levantamos tristes. Pero cuando digo, nos levantamos, esto es nos levantamos todos, cada uno, en sus hogares, en sus casas, caminando por la calle, colgados del colectivo o empujando en el subte. Todos tristes, todos en brazos del desgano y la apatía. Un día, dos. Más aún. Otro día más y antes de que termine la semana, prescindimos de los sonajeros del consumo, agitándose delante nuestro, para distraernos de esta tristeza propia.

Dejamos de comprar ese perfume chic, el lujoso coche aquel o ese inaccesible reloj que te hará querido. Sumidos en la depresión y en la tristeza, dejemos de consumir. Mejor sentarnos en nuestras casas, a oscuras, apagando radios y televisores, hundiendo nuestros mentones en el pecho, tal vez pensando en ese momento en el que el mundo pudo ser mejor.

O ni siquiera eso. Sólo tristes. Nada más que tristes.

Torzamos el rumbo. Dejemos de ir al trabajo. Llamemos (o tal vez no) y avisemos que no tenemos más ganas de levantarnos, de salir de la cama, de apurar el desayuno y correr tras el tren que ya parte de la estación para llegar a hora. Si quieren despedirnos, que nos despidan. No habrá nadie que tome esa renuncia.

Porque estaremos así, de brazos cruzados, cansados de esperar la felicidad en este mundo. Nos hundiremos en nuestras poltronas, a esperar que se derrumben las paredes, a que la noche caiga sin ningún deseo de movernos de nuestros sitios.

Ignoremos el amor (ese sucedáneo del deseo). Ni la caricia estará permitida. Que los labios se sellen; será la hora del exilio del beso. Alejemos con desgano el orgasmo requerido. Retaceemos el esperma. Vaciemos los vientres femeninos en una temporada de sequía. Colguemos carteles de fuera de servicio, eyaculando al vacío.

Que los mercaderes de los espejitos de colores se encuentren con sus tiendas abarrotadas, sus dulces mohosos, sus vidrieras atestadas de paquetes luminosos. Que los dirigentes del discurso grandilocuente y el gesto épico se encuentren sin la sangre necesaria para poner en marcha los engranajes de su maquinaria de guerra. Que los imanes fanáticos no encuentren cuerpos en donde asir sus bombas caseras. Que los corruptos que negocian nuestros destinos en el casino de los parlamentos del mundo, comprendan que lo acumulado en sus cuentas suizas no les servirá, porque no habrá nadie que quiera compartir con ellos esta farsa cotidiana de la alegría.

Paseen con sus Mercedes Benz, exhiban sus Rolex y fumen sus habanos. Pueden hacerlo, como lo han hecho todo este tiempo. Nadie se los impedirá. Pero no esperen que los aplaudamos. No habrá claque para seguirles el juego, soplar las cornetas y arrojar el papel picado a su paso.

Sepan que estarán solos. Porque nosotros estamos muy ocupados en estar tristes.

No será igual, no será lo mismo. Se cansarán de esta fiesta sin bullicio. Y se sentirán (sin proponérselo) tristes. Con su inagotable capacidad de contagio, compartirán nuestra tristeza y llegará el punto, el umbral crítico, en el que no habrá marcha atrás. Como las fichas de un dominó cósmico, irán cayendo, uno a uno, en las pesadas redes de la melancolía. Cegados en su gusto, sus máquinas para atontarse dejarán de tener efecto.

Todo será negro, densamente negro, oscuro, abrumadoramente oscuro.

Sin tirar un tiro, sin volar un puente, sin matar un alma (más que la nuestra), obliguemos al mundo a detenerse. Que mire, ensimismado, la orilla del abismo. Sacudamos los cimientos en una revolución triste, un épico grito de protesta, un gesto mudo como un dedo apuntado al centro del Universo.

Corroídos, tambaleantes, finalmente vencidos, deberán imaginarse otro Universo y, sin dilación, construirlo, bajo el riesgo de su disolución definitiva.

Si no podemos ser felices, tengamos, por lo menos, la dignidad final de nuestra tristeza.

4/10/10

escribe

Cuando llegue el tiempo de resistir: escribe. Como defensa, escribe. Escribe, para certificar la maldita herencia de ser testigo. Escribe. Siempre escribe. Cuando llegue la noche, cuando caigan los muros, cuando arrase la devastación con todo lo conocido, con todo lo vivido, con todo lo querido. Escribe. Escribe ahora y escribe ya. Escribe para tapar los gritos de los sepultados por el derrumbe. Escribe aún cuando las palabras hayan perdido su significado, aún cuando nadie quede para leer, aún cuando nadie comprenda lo escrito. Escribe. Escribe al atardecer, en el ocaso, entre penumbras. Escribe. Para saber que estás aquí.
(encontrado en el banco de una plaza)